Pueblo de Bernal: Olvídense del estrés

¿Qué sería de nuestro país sin sus pequeños pueblos que no importa el tamaño, siempre maravillan a todos los que los visitan? Lugares que encantan a los viajantes como lo han hecho con sus lugareños. Sitios en los que la magia, esa de la que hablan que ha existido en nuestro país desde hace muchos años, se siente a flor de piel, como si ésta jamás hubiera dejado los cimientos, o más bien, la magia fue la que puso las bases de lo que son esos lugares únicos, indefinibles y que enamoran a cuantas personas llegan ahí.

El pueblo de Bernal es eso: Pequeño, mágico, enigmático y, sobre todo, bello. Sin embargo, tiene algo que lo diferencia de cualquier otro lugar y eso es el resguardo del tercer monolito más grande del mundo, la Peña de Bernal.

Esta localidad, siempre vigilada por uno de los peñones más monumentales y vistosos, tiene un aire de la época del virreinato por sus construcciones, de igual manera, por la zona en la que se encuentra, tiende a ser el escenario perfecto para platicar de las leyendas y esas historias fabulosas que los lugareños pueden llegar a contar. La Peña de Bernal, que como ya dijimos antes, es el tercer monolito más grande del mundo, se formó hace ya más de 65 millones de años

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Pero este lugar no solo se conforma de las construcciones y el peñón, sino que también es uno de los sitios ideales para sentirse en armonía con el mundo pues ahí encontrarán lugares donde podrán adquirir cuarzos, así como también verán lugares dedicados a buscar la armonía del hombre con la tierra.

Otra de las “amenidades” del pueblo de Bernal, es la escalada en roca, pues existe un espacio de la Peña de Bernal que está totalmente dedicado a ello donde se dan cita diferentes alpinistas y entusiastas por la escalada para tener un día totalmente agradable.

Hay pequeños locales donde la comida es rica y abundante y, aunque se trata de un pequeño pueblo, si su intención es la relajación total, ahí encontrarán pequeñas posadas dónde pasar la noche o varias noches para así sacar todo el estrés mientras caminan por las calles de Bernal en busca de una nieve o tal vez un elote asado.

El pueblo de Bernal, custodiado por la Peña de Bernal, es una experiencia relajante, gratificadora y sumamente recomendable.