Cuando uno es niño, las cosas son sencillas, fáciles, nada se nos complica. Despertar, ir a la escuela, jugar, dormir, ver la tv. Todas esas cosas nos llenan de felicidad. Probablemente los niños de ahora se divierten más en casa que en la calle, sin embargo, los que crecimos hace ya algunos años, sabemos de las virtudes que tenía el jugar bajo los rayos del sol o en las tardes previas a la caída de la noche.

Futbol, tochito, bote pateado, las escondidillas, las traes y otras actividades recreativas nos hacían correr como locos entre carcajadas. Otra de las actividades que seguramente muchos recuerdan, es el volar un papalote. Buscar los días en los que el viento soplaba con fuerza para salir a la calle, correr con el papalote y soltarlo para hacerlo volar. Tal vez nos costaba mucho o tal vez no, sin embargo, el hacerlo era sumamente divertido. Y aunque para los que viven en la ciudad les haya costado mucho más el poder volarlos, nunca faltará los que hacíamos viajes hasta la Marquesa para obtener el viento suficiente.

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Los papalotes son un arte que, aparentemente, se remonta hasta el lejano continente asiático, sin embargo, éstos han viajado por todo el mundo y, por supuesto, se han asentado en nuestro país desde hace ya varios siglos atrás.

Si son entusiastas de los papalotes, así como nosotros, tienen una cita en el Museo de Arte Popular (MAP), pues desde el pasado 20 de febrero y hasta el próximo 25 de abril, en este museo se estarán exponiendo varios papalotes monumentales, entre los que estarán incluidos los finalistas del concurso de papalotes que fueron “Los Cubos”, “Rehilete” y “Pez”, hechos por Luis Manuel Corona, Colectivo Códigos Gráficos y Adrián Daniel Velázquez, respectivamente.

La entrada tiene un costo de 40 pesos, menos los domingos que es gratuita, así que recuerden la infancia y vayan a admirar unos cuantos papalotes.

 

Imágenes: Garuyo.